
Fuente: Sandino Editores
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La Lectura en Voz Alta
La lectura en voz alta (LVA) es una de las maneras más exquisitas de acercarse a los libros. Y diversos estudios confirman que una de las más efectivas también, para progresar en el lenguaje y desarrollar habilidades lectoras. El acto de leer en voz alta es una práctica antigua. Cuando los libros eran escasos, cuando eran un lujo y se tenía solo un ejemplar entre varias personas, se compartía esa lectura. Cuando las familias eran numerosas, generalmente la madre o la abuela era quien leía a la luz de una vela, de una lámpara a parafina o a plena luz del día.
La lectura como un acto individual comienza a ser más común con la masificación de la imprenta y, por supuesto, con todo un nuevo modelo de trabajo y de vida, donde el tiempo que se está en la casa es menor y los espacios de lectura son más frecuentes a solas.
Pero la lectura en voz alta no ha perdido vigencia, y para nuestro gusto, no ha perdido su sitial. A pesar que estudiantes tesistas afirman que es un área que no ha sido frecuentemente estudiada en la academia, existen numerosos artículos sobre la LVA como instrumento de fomento lector, y que al leerlos, nos llevan a clasificar –a grandes rasgos– en dos ámbitos a la LVA: uno que la releva como una estrategia pedagógica que crea espacios de integración y aprendizaje lector, y otra que la utiliza, y destaca, como una herramienta de evaluación de los aprendizajes.

Fuente: www.rif.org
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En este artículo no nos centraremos en ninguno de los dos en especial, sino que más bien introduciremos el tema, que desarrollaremos en números siguientes, porque la encontramos poderosamente didáctica y de una belleza extraordinaria.
En la revista venezolana Sapiens está publicado un interesante artículo escrito por Yaritza Cova, donde describe y reflexiona en profundidad sobre la lectura en voz alta. Allí la autora la define como una actividad social que permite a través de la entonación, pronunciación, dicción, fluidez, ritmo y volumen de la voz, darle vida y significado a un texto escrito para que quien escucha pueda soñar, imaginar o exteriorizar sus emociones y sentimientos. Esta definición nos parece esencial, sobre todo porque declara que es una actividad social. Y es por eso que comenzamos este año de nuevos boletines destacando la lectura en voz alta. En vacaciones tendremos más tiempo y mejor clima para juntarnos en torno a un libro y leerlo en voz alta, a quien sea nuestro público: nuestros hijos e hijas, sus amistades, nuestros vecinos, nuestros amigos…
Leer un cuento, una historia o una anécdota escrita, en una reunión familiar para que todos se sienten y escuchen atentos es un momento comunión, de unión y de intimidad que rompe la rutina de la conversación y nos conecta con algo distinto: con el escuchar, con el imaginar, con el silencio propio.
Hace poco nos tocó presenciar una lectura en voz alta en un parque. Un matrimonio invitó a varias amistades a juntarse a escuchar una serie de cuentos cortos. Todos llevaron té y café, galletas, y cojines. Las bancas estaban allí y el escenario eran los árboles en plena estación. Fue una media hora en un tiempo paralelo, imaginando las escenas de las historias, tomando té, y riendo con las aventuras. Luego media hora más de conversa entre todos y de vuelta cada uno a sus quehaceres.
En nuestros próximos números retomaremos este tema que da para mucho escribir. Y reiteramos nuestra invitación a organizar lecturas en voz alta, en la casa, en la montaña, en la playa, podrán disfrutar de un libro y tendrán una experiencia distinta, en un día común y corriente. |